miércoles, 29 de enero de 2014

Los sueños

    La vida de alguien puede tenerlo todo: dinero, lujos, amigos, estudios, amor... Una persona puede poseerlo todo, puede haber sucumbido a todo, y puede sentirse meramente satisfecha con todo aquello de lo que es dueña...
Pero hay algo con lo cual no puede estar realmente completa si no lo tiene: las ambiciones. Los sueños. Los deseos, llámenlo como quieran.
   Cuando hablo de sueños no hablo de objetos materiales ni de cosas superfluas, hablo de la satisfacción de encontrarte contigo mismo, de hacer las cosas que te gustan, de cumplir tu deseo de la infancia o tus ideas de adulto. La paz interior que te da un sueño cumplido no puede compararse con nada material, pues las ambiciones perduran a lo largo de los años, mientras que los objetos... no.
  Los sueños son, en parte, la imaginación del futuro, lo que uno espera que pase, pero no puedes simplemente sentarte a esperar que algo pase, porque lo único que pasará es la vida. Está bien imaginar, pero las ambiciones están para algo, y están para cumplirlas. Y puedes sentir que finalmente tu vida te llena cuando decides levantarte una mañana y comenzar a hacer todo lo que no te animaste a hacer en años.
    Hoy más que nunca es tiempo de animarse, animarse a hacer todo lo que te gusta y todo lo que siempre quisiste hacer. Seguramente hay más cosas que te gustaría haber probado y nunca le prestaste demasiada atención. ¿Qué tal si ahora lo haces?
   El ayer se fue, el mañana no es seguro y el hoy hay que aprovecharlo. Es crucial hacer de tu vida tu propio orgullo, no el de los demás, el tuyo. Imaginar sueños está bien, pero los sueños están para cumplirlos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario